“Yo no Pago, Yo denuncio”, el slogan del Ministerio Público para combatir las extorsiones.

Por Walter Menchú, Director Ejecutivo del Centro Observancia de Seguridad Ciudadana del CIEN.

El día de hoy, viernes 3 de julio del año 2015, el Ministerio Público de Guatemala inauguró oficialmente la Fiscalía de Sección contra el delito de Extorsión e hizo el lanzamiento del Plan Ofensivo contra las Extorsiones que incluye un número telefónico (1574) para hacer las denuncias y una aplicación que puede ser descargada a dispositivos móviles con sistema operativo Android.

En el Centro de Investigaciones Económicas Nacionales –CIEN- le hemos dado seguimiento a este delito y en noviembre de 2014 publicamos un “Estudio Exploratorio sobre las Extorsiones en Guatemala”. Una sección de dicho estudio hacía un análisis de las estadísticas de las denuncias realizadas en los últimos años y señalaba la ausencia de una encuesta de victimización a nivel nacional que diera a conocer la cifra oculta y otras características propias del delito de extorsión. Si bien, la encuesta de victimización a nivel nacional no se ha realizado aún, sí se elaboró en el año 2013 una encuesta de victimización en el municipio de Guatemala (Encuesta Municipal de Victimización y Percepción de la Violencia –EVIPES- 2013), de la cual se desprenden algunos datos que pueden dar mayores luces para el combate del mismo.

El Ministerio Público en el acto de inauguración de la Fiscalía hizo énfasis en la cultura de denuncia. La campaña de comunicación del Ministerio Público usa como slogan “Yo no pago, Yo denuncio”.

Los datos de la encuesta nos dicen que menos de la mitad de las víctimas de extorsión (48%) entregan lo que se les exige, lo cual puede estar relacionado a que, según la encuesta, 2 de cada 3 extorsiones en el municipio de Guatemala son realizadas vía telefónica y las personas extorsionadas creen que quien está al otro lado de la línea no tiene la capacidad de causar daño, lo cual no ocurrió en el 14% de los casos en los que no se entregó lo solicitado, pues sí hubo represalias por no entregar lo que demandaba el extorsionador. Esto también debe ser considerado al momento de hacer una recomendación del tipo “no pagues, denuncia”, pues dependiendo del tipo y características de la extorsión, una persona podría poner en peligro su vida. No es lo mismo recibir una llamada extorsiva aleatoria, que recibir la misma llamada extorsiva en un negocio. La exposición y el riesgo de ser víctima de represalias influye directamente en que una personas quiera denunciar.

De la encuesta se desprende que el 70% de las víctimas no denuncia el delito del que fue víctima (cifra oculta), lo cual es inferior o igual a la registrada en encuestas de victimización en otros países latinoamericanos (96% en México ENVIPE-2014, 75% en Colombia ECSC-2014 y 70% Venezuela ENVPSC-2009). En el caso específico del delito de extorsión, solo 1 de cada 3 víctimas (36%) no denuncia el delito, por lo que la cifra oculta para este delito es muy inferior a lo encontrado en los países mencionados anteriormente (cifra oculta para el delito de extorsión: México 98.5%, Colombia 70%, Venezuela 73%), aunque muy probablemente en una encuesta realizada a nivel nacional este porcentaje incrementaría debido a la ausencia de la institucionalidad del Estado y en particular de las instancias de seguridad y justicia en el interior del país.

Incrementar la tasa de denuncia de extorsión en el municipio de Guatemala implicaría:

  • Que la población confíe en sus autoridades (especialmente en la PNC que es donde se realiza la mayor cantidad de denuncias -55% vs 29% en el MP- y porque el 17% de los encuestados dijo que no denunciaba porque desconfía de la autoridad)
  • Que la víctima tenga cierta esperanza que su denuncia servirá de algo y no sea solamente una pérdida de tiempo (una de cada cuatro víctimas de extorsión que no denuncian no lo hace porque considera que es una pérdida de tiempo), y
  • Que el clima de inseguridad a nivel general se reduzca y de esa forma disminuya el miedo a denunciar por la posibilidad que existan represalias en contra, pues una de cuatro víctimas de extorsión no denuncia por miedo al agresor (solo el 7% de las personas que no denuncian dicen que no lo hacen por miedo al agresor, lo cual implica que el miedo al agresor es más pronunciado en el caso de la extorsión -25%-).

Es importante mencionar también que para hacer efectiva una denuncia y darle seguimiento, una persona debe ir personalmente a las oficinas del Ministerio Público o a la Policía Nacional Civil. Medidas como el número telefónico para denuncias o la aplicación para dispositivos móviles pueden servir para hacer un mapeo y análisis criminal del delito y tomar acciones operativas posteriores. También pueden servir como medida preventiva para evitar una llamada extorsiva, pero no para judicializar un caso específico.

Es importante observar que una de cada tres víctimas de extorsión (32%) sufre daño psicológico, adicionalmente 12% del total de víctimas sufren daño emocional, lo cual confirma lo señalado en el Estudio Exploratorio: que las extorsiones causaban un alto impacto psicológico en las víctimas el cual suele ser subestimado (el daño psicológico es significativamente mayor para el delito de extorsión que para otro tipo de delitos -32% vs 18%-). A su vez, esta situación alimenta la desconfianza en las autoridades y potencia el miedo que infunde el agresor. Esto es grave en el contexto en el que, según la encuesta, apenas una de cada diez víctimas recibe atención psicológica, lo cual reproduce el síndrome de indefensión aprendida y reafirma la tesis de que la extorsión se basa en el miedo y la incapacidad de defensa de las personas. Se espera que con la apertura de la Fiscalía contra las Extorsiones en el Ministerio Público, se incremente la atención psicológica a las víctimas pues se indicó que entre el personal de la Fiscalía se contará con psicólogos.

La encuesta muestra que la expectativa de volver a ser víctima de la extorsión es alta en todos los casos (81%), pero el dato que llama más poderosamente la atención es que la totalidad de quienes fueron víctimas de extorsión más de dos veces en el año 2013 afirmaban que volverían a ser víctimas en los próximos dos meses, lo cual significa que este tipo de extorsión ya no era una extorsión casual sino sistemática.

Esto es un grave problema considerando que una de cada cuatro víctimas (23%) había sido extorsionada más de dos veces en el año y que este tipo de extorsión tiene características particulares que incrementan su peligrosidad:

  1. La selección de las víctimas es realizada de acuerdo a la vulnerabilidad: actividades de mayor exposición y visibles que son blancos fáciles de ataques (casas o negocios).
  2. Las extorsiones son recurrentes y con montos más altos que una extorsión predatoria, siempre tomando en cuenta la capacidad de pago del extorsionado.
  3. Está muy ligada al control territorial que puede ejercer un grupo delictivo y a su capacidad de causar daño, lo cual puede vincularse posteriormente a otro tipo de delitos como el homicidio o secuestro.
  4. En el largo plazo estas extorsiones pueden convertirse en simbióticas y los grupos criminales que las realizan adquirir algunas características de la mafia en la medida que el grupo delictivo se vuelve jerárquico, se apodera de la totalidad del control territorial e infiltra las actividades económicas legítimas cambiando las estructuras del mercado otorgando posiciones monopólicas geográficas.

Atacar un fenómeno delictivo es una tarea compleja. Esperamos que los esfuerzos por combatir el delito de extorsión se incrementen y que en la etapa judicial los jueces den validez a diversas pruebas presentadas por el Ministerio Público como los informes periciales de voz del Instituto Nacional de Ciencias Forenses -INACIF- (para el caso de las extorsiones realizadas vía telefónica) y los informes de la Intendencia de Verificación Especial -IVE- de la Superintendencia de Bancos (en el caso de movimientos sospechosos de cuentas usadas para depositar el cobro de extorsiones).

La promoción de la denuncia es un paso importante, especialmente para un delito que se popularizó a partir de las altas tasas de criminalidad y de clima de inseguridad en general. Sin embargo, esta misma criminalidad alimenta el miedo a no denunciar. En la medida en que la incidencia criminal sea alta, reducir el delito de extorsión será un gran desafío que requiere el compromiso de todos los ciudadanos y de las instituciones de gobierno y del sector justicia.

Un análisis más detallado del delito de extorsión y su impacto en la percepción de seguridad ciudadana puede verse acá: https://drive.google.com/file/d/0B46Ougf2QWt_MGlQOUpCZ05LUkE/view?usp=sharing